El Sr. Juan Wesp, emigrante alemán, llegó a Brasil en 1911, en busca de una vida mejor.
Aquí decide fabricar el medicamento “Esencia de Vida”, que Juan ya fabricaba en Alemania, según fórmula del Dr. J. Spanger, con quien había trabajado. “Esencia de Vida” es la suma de siete hierbas, cuyos resultados terapéuticos eran reconocidos tradicionalmente en toda Europa.
Juan Wesp fabricaba el medicamento artesanalmente, añejado en barriles de roble. Junto con su esposa y sus hijos embalaban en su propia residencia y salía a lomo de mula con su carga, recorriendo las colonias alemanas, por el interior del estado. OLINA era ofrecida de casa en casa para mejorar la calidad de vida de las personas.
En 1916, Juan Wesp funda el Laboratorio Wesp, en el mismo lugar donde está situado hasta hoy. Inicialmente estaba ubicado en una residencia, pero luego se fueron adquiriendo los edificios linderos, totalizando en la actualidad 2400 m² de área construida.
En 1919 tuvo que registrarse el producto con su nombre comercial y no sólo con el adjetivo de “esencia de vida”. Se resolvió entonces, ponerle un nombre de mujer, muy común en la Alemania de aquella época: OLINA, muy parecido al nombre de su hermanita Lina.
Juan Wesp tenía el conocimiento equivalente a un idóneo de farmacia y supervisaba personalmente todas las etapas de fabricación, desarrollando técnicas de extracción, con elevado índice de principios activos en suspensión, mantenidas en absoluto secreto por tres generaciones.
Fueron lanzados nuevos productos, pero siempre el líder fue OLINA.
El extremo cuidado en la composición de la fórmula de OLINA, así como la utilización exacta de los componentes, es la característica principal del Laboratorio Wesp, desde el inicio de sus actividades.
Con la colaboración de los hijos que trabajaban activamente en todos los sectores, la empresa evolucionó de una pequeña economía doméstica a un laboratorio respetado y reconocido por la excelencia en la calidad de sus productos.
En un período en que la mujer brasileña no tenía oportunidad de trabajo, el Laboratorio Wesp, en contra del pensamiento de la época, contrataba preferentemente mano de obra femenina.
En 1958 Juan Wesp tuvo la satisfacción de visitar su tierra natal y ser recibido con honras. Pero con pesar percibió que el producto “Esencia de Vida”, no era más fabricado en Alemania, pues el lugar había sido bombardeado durante la Segunda guerra.
Con el objetivo de evitar solventes químicos en el proceso, fue necesaria la adquisición de equipos específicos y un mayor control en los métodos de fabricación.
Con la conquista de nuevos mercados, como Santa Catarina y Paraná, fue preciso aumentar los equipamientos. Como el método tradicional adoptado requiere añejamiento en barriles de roble, se cubrió la capacidad de almacenamiento en una bodega propia de más de 100.000 litros.
Juan Wesp falleció poco antes de que la empresa cumpliera 50 años. Su viuda y su hijo Alfredo Juan Wesp continuaron su obra, invirtiendo cada vez más en calidad, eficiencia y honestidad.
Vea algunas imágenes del Laboratório Wesp en los días de hoy: